viernes, 25 de abril de 2008

¿cuál es el título de la canción?

¿A alguien le pasa como a mí?
"Respete velocidad máxima dentro de la autopista", no estoy segura de que sea exactamente eso lo que dicen los luminosos dentro de los túneles de la Costanera Norte, lo que tengo claro es que la máxima es de 80 kilómetros por hora, pero ¡ayyyy de mi si llego a respetarla!, y si a eso agregamos ese que dice "mantenga su distancia, evite accidentes por alcance", estamos listos, siempre que intento mantener la distancia de acuerdo a lo instruido, viene un compatriota, un poco más joven posiblemente, (como define tan finamente mi compadre Toño en "Me llegó marzo", en su blog "la mesa del Café") por mi derecha, me adelanta a más de 100 kilómetros por hora y ocupa ese mísero espacio de reserva, por si cualquier cosa, logro nuevamente mi espacio de seguridad y llega un ciudadano de los anteriormente descritos y me adelanta a más de 120 kilómetros por hora, después de resoplarme en el culo por un rato y hacerme luces para que me cambie de pista, como si fuera muy fácil hacerlo, si mi vecino de la derecha viene a más de 100 y el de la izquierda vuela a 120, y eso que voy por la pista del centro y la aguja marca 95 kilómetros por hora. ¿Será que la cosa esta está dañada? o ¿será que el ciudadano es analfabeta?
También voy apurada a la pega, pero ni de broma voy a pasar a más de 100. Para desahogarme, les grito una maldición, que te quedes en panne ..... para que pierdas mucho tiempo. Donde dice ......., usted puede poner su garabato favorito, al igual que yo.
Trato de mantenerme dentro de la máxima velocidad permitida y todos me adelantan como si estuviera detenida, se cruzan, por delante y por detrás, me encandilan, me tapan a bocinazos. Apuro la marcha que tengo que salir en 2 kilómetros más y debo cambiar de pista, señalizo pero como si no existiera, no hay espacios de seguridad que yo pueda ocupar, como hacen conmigo, no hay compasión La máxima luz a que se puede aspirar es de 50 centímetros. Me pregunto ¿que sería si alguno de estos personajes llega a pisar el freno en forma accidental, media cagadita que quedaría, yo creo que se encaramarían los unos sobre los otros, no se salvarían ni los que van repetuosos por su pista a la máxima permitida. Sonamos, mi salida quedó atrás, toca alcanzar la próxima. Acelerar de nuevo y rogar que se produzca una luz para entrar en la pista que se supone es lenta. Me meto detrás de un bus del Transantiago, otra aventura esa, pero al menos me siento protegida. Hasta que otro bus por detrás me prende así unas luces, porque esos si que tienen luces, y ni te digo las bocinas.
En fin, lo logré, 5 sur y 5 norte, las dos juntas, que regio, ¿quien sería el ingeniero que inventó esta salida? Creo recordar a Pablo que se yo que al que llaman el loco, que estuvo comiendo en casa una noche, ese fue el que armo esta "solución" que le dicen. Bendito sea Pablito.
Ya, ahora el drama es salir de la Norte-Sur, y rogar que los que van por la caletera tengan a bien respetar el ceda el paso. Vanos ruegos, toca señalizar para todos lados a ver si con eso los confundo. Después dicen que las mujeres manejamos mal, pero no, es sólo una estrategia para lograr alguna ventaja.
Entonces, ¿ya sabe cual es el título de la canción?

miércoles, 16 de enero de 2008

El AVE y el seguro catastrófico o el seguro catastrófico y la grasa de la caballa

Me ocurrió a mi, así es que ya no me cuentan historias, me consta que el seguro catastrófico y la grasa de la caballa son la misma cuestión, no más. Es decir, no sirven pa'un carajo.
El 26 de agosto 2007, con la mitad de mi cuerpo en este mundo y la otra mitad en el patio de los callaos, recibíamos mi hijo, mi exposo y yo llamados de mi nunca bien ponderada Isapre en el sentido que para que me cubriera el seguro catastrófico los gastos de un accidente vascular encefálico tenía que mudarme de clínica. Es decir, nadie puede, medio descerebrada, recién volviendo de la anestesia y tener que preocuparme de que me saquen de donde me salvaron la vida e impidieron que quedara mensa de una, para llevarme a un lugar que les queda cómodo a ellos, donde las cosas son más económicas. Perseguían a mi hijo, de 19 años para obligarlo a llevarme a otro lugar. Tampoco él tenía mucho cerebro a esas alturas, aparte de la circunstancia por la que atravesaba, posible huérfano de madre, a los 19 años son todos los críos medio descerebrados, aún no les brota, recién les aparece cuando dejan de salirle las espinillas.
Cundía la histeria entre la Isapre y la administración de la clínica cara, ¿se va? o ¿no se va?, ¡he ahí el dilema!, y finalmente no me fui, mi familia consideró que después de tres intentos de acogerse al seguro catastrófico, uno de ellos con resultado de muerte, no valía la pena seguir intentándolo. Mi exposo debe haber estado tremendo de afectado con esta decisión ya que había entregado boucher de tarjeta de crédito en garantía a clínica cara, sin consultar a su patrona, por cierto.
A mayor abundamiento, siempre que el paciente entra medio muerto a urgencia de una clínica, viene un médico cretino al que no ves nunca, que ni de broma te toma los signos vitales y menos te mira a los ojos y firma un papelito afirmando que estás en condición trasladable, papelito del que se agarra la Isapre para exigirte el traslado o en su defecto, que renuncies al catastrófico, sin embargo cuando tu preguntas quien se hace responsable si te trasladas y algo malo ocurre, es decir si paras la chala en el trayecto, todos los doctores que te estan atendiendo levantan las manos y ponen carita de ¡yo no fuí!, y como para reafirmar su posición de no fui yo, te dicen que ellos no están de acuerdo en trasladarte. Y ¡ahí quedó una!, o el responsable de tu persona, ¡que si, que no, que nunca te decides! Mas aún, estos que discrepan del traslado,que no firman niun papelito porque se supone que no tienen re niuna autoridad para emitir juicios respecto de tu salud, son los que te meten a pabellón en menos que canta un gallo, te abren un forado en el craneo y te aspiran la sangre derramada pa que no ejerza presión en sectores importantes y minimizar así el riesgo de volverla a una tonta como puerta batiente. ¡Suerte que no tenían autoridad digo yo!, porque si la hubieran tenido...¡imagínate tu!