Me ocurrió a mi, así es que ya no me cuentan historias, me consta que el seguro catastrófico y la grasa de la caballa son la misma cuestión, no más. Es decir, no sirven pa'un carajo.
El 26 de agosto 2007, con la mitad de mi cuerpo en este mundo y la otra mitad en el patio de los callaos, recibíamos mi hijo, mi exposo y yo llamados de mi nunca bien ponderada Isapre en el sentido que para que me cubriera el seguro catastrófico los gastos de un accidente vascular encefálico tenía que mudarme de clínica. Es decir, nadie puede, medio descerebrada, recién volviendo de la anestesia y tener que preocuparme de que me saquen de donde me salvaron la vida e impidieron que quedara mensa de una, para llevarme a un lugar que les queda cómodo a ellos, donde las cosas son más económicas. Perseguían a mi hijo, de 19 años para obligarlo a llevarme a otro lugar. Tampoco él tenía mucho cerebro a esas alturas, aparte de la circunstancia por la que atravesaba, posible huérfano de madre, a los 19 años son todos los críos medio descerebrados, aún no les brota, recién les aparece cuando dejan de salirle las espinillas.
Cundía la histeria entre la Isapre y la administración de la clínica cara, ¿se va? o ¿no se va?, ¡he ahí el dilema!, y finalmente no me fui, mi familia consideró que después de tres intentos de acogerse al seguro catastrófico, uno de ellos con resultado de muerte, no valía la pena seguir intentándolo. Mi exposo debe haber estado tremendo de afectado con esta decisión ya que había entregado boucher de tarjeta de crédito en garantía a clínica cara, sin consultar a su patrona, por cierto.
A mayor abundamiento, siempre que el paciente entra medio muerto a urgencia de una clínica, viene un médico cretino al que no ves nunca, que ni de broma te toma los signos vitales y menos te mira a los ojos y firma un papelito afirmando que estás en condición trasladable, papelito del que se agarra la Isapre para exigirte el traslado o en su defecto, que renuncies al catastrófico, sin embargo cuando tu preguntas quien se hace responsable si te trasladas y algo malo ocurre, es decir si paras la chala en el trayecto, todos los doctores que te estan atendiendo levantan las manos y ponen carita de ¡yo no fuí!, y como para reafirmar su posición de no fui yo, te dicen que ellos no están de acuerdo en trasladarte. Y ¡ahí quedó una!, o el responsable de tu persona, ¡que si, que no, que nunca te decides! Mas aún, estos que discrepan del traslado,que no firman niun papelito porque se supone que no tienen re niuna autoridad para emitir juicios respecto de tu salud, son los que te meten a pabellón en menos que canta un gallo, te abren un forado en el craneo y te aspiran la sangre derramada pa que no ejerza presión en sectores importantes y minimizar así el riesgo de volverla a una tonta como puerta batiente. ¡Suerte que no tenían autoridad digo yo!, porque si la hubieran tenido...¡imagínate tu!
El 26 de agosto 2007, con la mitad de mi cuerpo en este mundo y la otra mitad en el patio de los callaos, recibíamos mi hijo, mi exposo y yo llamados de mi nunca bien ponderada Isapre en el sentido que para que me cubriera el seguro catastrófico los gastos de un accidente vascular encefálico tenía que mudarme de clínica. Es decir, nadie puede, medio descerebrada, recién volviendo de la anestesia y tener que preocuparme de que me saquen de donde me salvaron la vida e impidieron que quedara mensa de una, para llevarme a un lugar que les queda cómodo a ellos, donde las cosas son más económicas. Perseguían a mi hijo, de 19 años para obligarlo a llevarme a otro lugar. Tampoco él tenía mucho cerebro a esas alturas, aparte de la circunstancia por la que atravesaba, posible huérfano de madre, a los 19 años son todos los críos medio descerebrados, aún no les brota, recién les aparece cuando dejan de salirle las espinillas.
Cundía la histeria entre la Isapre y la administración de la clínica cara, ¿se va? o ¿no se va?, ¡he ahí el dilema!, y finalmente no me fui, mi familia consideró que después de tres intentos de acogerse al seguro catastrófico, uno de ellos con resultado de muerte, no valía la pena seguir intentándolo. Mi exposo debe haber estado tremendo de afectado con esta decisión ya que había entregado boucher de tarjeta de crédito en garantía a clínica cara, sin consultar a su patrona, por cierto.
A mayor abundamiento, siempre que el paciente entra medio muerto a urgencia de una clínica, viene un médico cretino al que no ves nunca, que ni de broma te toma los signos vitales y menos te mira a los ojos y firma un papelito afirmando que estás en condición trasladable, papelito del que se agarra la Isapre para exigirte el traslado o en su defecto, que renuncies al catastrófico, sin embargo cuando tu preguntas quien se hace responsable si te trasladas y algo malo ocurre, es decir si paras la chala en el trayecto, todos los doctores que te estan atendiendo levantan las manos y ponen carita de ¡yo no fuí!, y como para reafirmar su posición de no fui yo, te dicen que ellos no están de acuerdo en trasladarte. Y ¡ahí quedó una!, o el responsable de tu persona, ¡que si, que no, que nunca te decides! Mas aún, estos que discrepan del traslado,que no firman niun papelito porque se supone que no tienen re niuna autoridad para emitir juicios respecto de tu salud, son los que te meten a pabellón en menos que canta un gallo, te abren un forado en el craneo y te aspiran la sangre derramada pa que no ejerza presión en sectores importantes y minimizar así el riesgo de volverla a una tonta como puerta batiente. ¡Suerte que no tenían autoridad digo yo!, porque si la hubieran tenido...¡imagínate tu!
